Dulces sombras

Para Cristina

Desperté temprano, la luz del alba
no se atrevía a surcar el cielo
pero la densa oscuridad de la noche se había diseminado
con los luceros que anteceden los matices del amanecer.
De pronto,
en los claros de mi piel
se hace tangible el calor que desprende tu palpitar
y decido buscar tu presencia bajo mis sábanas.
Cierro los ojos, los aprieto fuerte,
forzando a la realidad a despejarse, para darle paso a tu silueta
que se forma con las nubes de mis pensamientos.
Respiro lento, como si en cada toma de aire esperara encontrar tu aliento
despacio, te encuentro,
encuentro tus labios en la oscuridad
esos labios carnosos que recorren primero mi cuello
esos labios que anteceden a tus manos sujetándome fuerte por la espalda
esas manos que recorren mi piel desnuda
esa piel que se humecta tras el paso de tu lengua
esa lengua que se encuentra dulcemente con mi boca,
esa boca que te desea ferviente.
El alba aún no aparece,
mis ojos cerrados recorren tu silueta
mis manos se enredan en tu cabello de cascada que se derrama sobre mi rostro.
Es ahora, mujer mía, que te encuentro tras las edades,
tras los tiempos y las distancias
es ahora que se detiene el tiempo en ese dulce beso que no te he dado
es ahora que comienza el juego,
ese juego en el que soy tuya completamente
ese juego en el que tus manos comienzan sujetándome por la cintura
y que termina irremediablemente en tu placer sobre el mío,
en tu dulzura derramada sobre mi pierna
en mis senos dispuestos a ser tuyos y entregarse por completo
a tus mordisqueos incipientes
al calor de tu boca, a la humedad de mi pierna.
Respiro, acelero el ritmo
te tomo posesa con cada uno de mis sentidos
las sombras del amanecer se desvanecen en mi ventana
y me inunda
me inunda el sabor a ti, el sabor de tus besos de tu aliento
el sabor de tu deseo, junto al mío
Y me entrego a ti antes de que llegue el alba.

DCA


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